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PERCA EN PAPILLOTE
 
 
 
 
 
 Me imagino que muchos conocéis de sobra este artilugio. Yo lo había visto varias veces en algún escaparate de cosas de cocina y mi padre me había comentado que ya lo tenía y que el pescado le salía estupendamente en el microondas y en un decir jesús.

Pero, aunque a veces soy comprador compulsivo, no se me había ocurrido todavía adquirirlo.

Y para Reyes, aunque no he sido muy bueno este año, me encontré bien envuelta con papel de regalo y una etiqueta que decía "FELICIDADES" una caja con el aparato éste para hacer papillotes en horno o en microondas. Lo llaman "ESTUCHE DE VAPOR DE SILICONA".


Para estrenarlo he hecho lo que me parecía más fácil, pero me parece que trabajar con él va a ser muy sencillo y de buenos resultados. También se acompaña de un cortísimo recetario.

He lavado una zanahoria y la he pelado y he seguido cortándola en láminas con el mismo pelador. He hecho lo mismo con medio calabacín, sin pelar, cortado en finas láminas con el pelador. Finalmente he cortado media cebolla en juliana fina. Todas estas verduras las he puesto en la base del estuche y las he salpimentado. Luego he puesto encima unos filetes de perca, también salpimentados y con jengibre en polvo y por encima unas gotas de aceite de oliva virgen extra.
 
Mientras he precalentado el horno a 200º y, ta caliente, he metido el estuche durante 10 minutos. Lo he dejado cerrado, pero fuera del horno, otros 10 minutos, y el resultado ha sido buenísimo. El pescado estaba perfectamente a punto, las verduras, ligeramente al dente, sobretodo la cebolla, pero muy agradables y el gusto en general, muy adecuado.
 
El estuche se puede lavar en lavavajillas y dicen que se puede usar las veces que se quiera.

En KABANOVA usamos muchas cosas de silicona, moldes de pasteles, de puding, y por supuesto las planchas para horno, y parecen eternas...

¡Que aproveche! 
 
 
 
 
 
 
RABO DE TERNERA

 

Como esta tarde no tenía nada mejor que hacer y tenemos un tiempo frío y con niebla que donde mejor se está es en casa, he pensado que algo tenía que guisar y que una mirada por páginas de cocina en internet me podría orientar hacia alguna receta que me diera al morro.

Y, efectivamente, he encontrado en un blog de cocina, una forma de hacer el rabo de ternera (quizás habría que decir mejor, de presentarlo) que me ha parecido interesante.

De todas maneras, en esta preparación, hay que dejarlo congelar al menos un día, y he aprovechado para hacerlo de dos maneras, la que hoy os presento es la clásica, y la otra, cuando la haga, y SI ME QUEDA BIEN, la "colgaré" otro día.

He comprado 2 kilos, 2 bandejas, que por cierto, me han costado a 9'45 € el kilo. Venía muy bien cortado, justo por los discos intervertebrales, de manera que no había ninguna esquirla ósea, que luego es muy molesta si te la encuentras en la salsa, o entre la carne. Cuando cortan los rabos con sierra, suele ocurrir que se desvían y rompen el hueso por donde no deben. También venían muy limpios de grasa, así que me ha costado muy poco limpiarlos para cocinar.

Además he usado tres puerros, una cebolla, tres zanahorias, un pimiento verde grande y dos pimientos secos rojos, una hoja de laurel, un clavo, una cucharada de hierbas provenzales secas, pimienta negra en grano y molida, harina, aceite, mantequilla, sal, coñac, vino tinto y caldo de carne (de cubitos). Primero he salpimentado los trozos de rabo y los he espolvoreado ligeramente con harina y los he dorado en aceite fuerte por todos los lados. Una vez dorada la carne la he dejado en una olla exprés y en el mismo aceite he frito las verduras troceadas, con el aceite fuerte. Cuando empezaban a quemarse, he echado un buen chorretón de coñac y he dejado que evaporara (como no fumo, no llevo cerillas ni mechero y además me da miedo flambear en casa, en el restaurante sí que le hubiera dado fuego al coñac). Luego he añadido el vino tinto, un buen vaso, y también he dejado que evaporara el alcohol. A la olla del rabo he ido poniendo una cucharada de hierbas provenzales, unos granos de pimienta negra, un clavo, una hoja de laurel y los pimientos secos a los que previamente he humedecido y quitado el rabo y las pepitas. Cuando ha evaporado el alcohol he añadido todo a la olla y además otro vaso de caldo de carne, con lo que los trozos de rabo quedaban "casi" sumergidos. He puesto un poco más de sal y ¡ale! a cocer, desde que llega a la presión adecuada lo he mantenido 40 minutos y lo he dejado enfriar sin quitar la presión (la olla es de las rápidas). Con este tiempo, la carne se despega perfectamente del hueso.
He sacado los trozos de carne y he dejado otro cuarto de hora la salsa sin tapar, para que redujera más y ha ido todo a la thermomix (menos la hoja de laurel). Después he pasado por un chino y lo he vuelto a llevar al fuego con unos cuadraditos de mantequilla.

No he hecho más que probar la salsa por si había que añadir algo más de sal, pero estaba en su punto, así como la carne, de manera que he juntado la carne y la salsa y mañana le daré un calentón para comerlo. Como guarnición, sólo una ensalada de escarola para que compense con su frescura la gelatinosidad de este plato.

¡Que aproveche!

 

 

 

 

 

 

 
CORDERO ASADO

 

Pues hoy no puedo poneros la foto del plato porque no ha quedado nada. Estábamos 7 en la mesa y tenía medio corderito y lo he tenido que acabar en mitad de la comida, con lo que, aunque había preparado la máquina de fotos, no ha dado tiempo a que el pobre bicho posara...

Cuando me he levantado esta mañana, serían las nueve, lo he puesto sumergido en agua fría y así lo he dejado hasta las once y media más o menos.

He calentado el horno a 200º y he puesto el cordero en una bandeja. Lo he embadurnado con manteca de cerdo y en la bandeja he puesto dos hojas de laurel y tres ajos con su piel y un poco aplastados. Y agua abundante. No le he puesto sal. Sobre esto hay diferencias, hay quien sala el cordero antes de meterlo al horno y quien no. Yo nunca lo he salado previamente.

Y al horno que ya estaba bien caliente.

A la media hora, he sacado la bandeja y como quedaba poca agua, he añadido más vertiéndola sobre el cordero y dejando que cayera a la bandeja.

Otra media hora (ya llevamos una hora) y lo he vuelto a sacar del horno para echarle un buen vaso de vino blanco y ¡hale padentro!

Y después de otra media hora más, como todavía quedaba bastante tiempo antes de comer y tenía que salir de casa y hacer algún recado, he apagado el horno y he dejado la puerta abierta.

Cuando estábamos acabando los entremeses, he vuelto a darle al corderito una fina capa de manteca y le he rociado vinagre de sidra (a última hora me he dado cuenta de que no tenía limones en casa). El horno a 250º con la resistencia de arriba (todo lo anterior estaba con la de arriba y la de abajo) y el corderito, que ya estaba casi frío ha recibido un calentón que con la manteca y el vinagre le ha dejado la piel muy crujiente y la carne muy jugosa.

Me olvidaba decir que la piel ha estado hacia arriba durante todo el proceso y que en ningún momento le he dado la vuelta.

El resultado ha sido exquisito y sobretodo el crujiente de la piel estaba perfecto.

¡Que aproveche!

 

 

 

 

 

 
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